Pedro Almodóvar narra en el número de Julio de Vanity Fair su paso por la gala Met Ball del pasado mes, la fiesta revival
sobre la moda y el punk que tuvo lugar en el Metropolitan Museum de Nueva York.
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Pedro Almodóvar junto a su pareja de baile Amanda Seyfried en el Met Ball 2013 |
"Llego a Nueva York el viernes noche y me
instalo en el Crosby Street Hotel bajo el seudónimo de Francis Scott
Fitzgerald". Así arranca la divertida crónica que Pedro
Almodóvar escribe en exclusiva para Vanity Fair España sobre su primera
gala como invitado al Met
Ball, la fiesta anual de la moda que se celebra en el Metropolitan
Museum of Art de Nueva York, y que en esta edición estaba
dedicada al punk. 700 ilustres invitados: estrellas del celuloide,
diseñadores, cantantes... Nadie pasa desaparecibido.
Nuestro director más
internacional describe cada uno de sus pasos y hasta su estilismo: "Tengo serios
problemas para salir del coche, deben ser evidentes porque el portero del hotel
acude en mi ayuda y me pregunta preocupado si me encuentro bien ("Are you
ok, sir?"). Mi problema son los muslos. El esmoquin de Givenchy es
muy ceñido de piernas, como se lleva ahora. Me permite estar de pie, incluso
caminar, pero al sentarme el grosor de mis muslos está a punto de estallar las
costuras. Si ocurre algo así diré que es un gesto punk...".
La actriz Amanda Seyfried es la pareja de baile de Pedro, a
la que no conoce hasta llegar a la gala. "Es la primera vez que asiste al Met
Ball. Su único propósito es convertirse en algo tan insignificante como el papel
de las paredes, me dice. Le explico que en una película justamente la elección
del color de las paredes es esencial, porque es lo que más se ve, y debe
combinar con los muebles, los trajes de los actores y especialmente con su color
de piel. Amanda abre los ojos como platos, nunca había pensado que el
wallpaper fuera algo tan esencial".
Una vez dentro, Almodóvar felicita por su trabajo en Homeland a su protagonista,
Damian Lewis, saluda a Colin Firth, Renée Zellweger, Miuccia Prada, Sarah
Jessica Parker y a una despistada Vivienne Westwood, que no lo reconoce.
Se sienta a la mesa frente al coanfitrión de la gala, el diseñador de
Givenchy Ricardo Tisci. A su izquierda, Madonna y su novio, Brahim Zaibat; a la
derecha, Beyoncé. "Dos reinas son demasiadas para una sola fiesta, mucho más
para una única mesa. Beyoncé dura poco tiempo. Intercambio con ella alguna
sonrisa, pero no dejamos de ser extraños. Cuando queremos darnos cuenta ya
ha desaparecido".
La relación que une a Madonna con el manchego es completamente diferente,
mucho más cercana. Junto a ella y a su novio pasan a otra sala, la de los
postres y la música. Canta Debbie Harry, de Blondie, y el ambiente sube de
temperatura. "A pesar de la algarabía hablamos unos minutos sobre mi
vida privada y me dejo aconsejar por ella". Mientras Pedro continúa
haciendo fotos a los invitados, Tisci se divierte con el actor Zachary Quinto y
el cantante Frank Ocean durante seis horas más. Para Almodóvar termina una noche
y una gala que ha mitificado. Vuelve al hotel bajo su seudónimo: Francis Scott
Fitzgerald.
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